El Perro Que Salvó A La Niña
Capítulo 3 - El secreto de Isabel
La muerte de Isabel Vega siempre había tenido una explicación sencilla.
Demasiado sencilla.
Una noche de viento. Un camino mojado. Un paso en falso cerca del acantilado. El mar llevándose lo que Esteban más amaba.
Eso fue lo que Marco le dijo.
Eso fue lo que la policía aceptó.
Eso fue lo que Esteban creyó porque estaba demasiado roto para pensar.
Ahora miraba el mensaje de Lucía y entendía algo terrible: su esposa no había sido la primera víctima.
La policía llegó antes del amanecer. La inspectora Camila Ríos tomó declaración en el hospital, pero Esteban notó que incluso ella estaba incómoda.
"Señor Vega, si Marco de verdad huyó, necesitamos revisar sus oficinas, sus cuentas y cualquier acceso que tuviera a la familia."
"Tenía acceso a todo", respondió Esteban. "Mi casa. Mi empresa. Mi hija."
La palabra "hija" le dolió como una herida abierta.
En la habitación, Lucía seguía dormida. Bruno no se movía de su lado.
Mientras los agentes registraban la mansión, encontraron algo en el despacho privado de Marco: recibos de medicamentos comprados con nombre falso, transferencias a un médico retirado, y una carpeta con documentos de la empresa Vega Marítima.
Pero lo peor apareció dentro de una caja fuerte pequeña.
Cartas de Isabel.
Nunca enviadas.
Todas dirigidas a Esteban.
Camila leyó una en voz alta:
"Esteban, si algo me ocurre, no confíes en Marco. Está vendiendo rutas de la compañía a gente peligrosa. Lucía lo oyó hablar por teléfono. Tengo miedo."
Esteban se sentó lentamente.
Isabel había intentado advertirle.
Marco había interceptado las cartas.
Y él, mientras tanto, había seguido tratando a Marco como a un hermano.
Al mediodía, Lucía despertó.
Su voz era débil, apenas un hilo.
"Papá..."
Esteban tomó su mano.
"Estoy aquí."
Los ojos de la niña se llenaron de lágrimas.
"Yo no me caí."
Esteban contuvo la respiración.
"Lo sé."
"Marco me dijo que mamá estaba viva."
El corazón de Esteban se detuvo.
"¿Qué?"
Lucía lloró en silencio.
"Me llevó al acantilado. Dijo que si iba con él, me enseñaría dónde estaba mamá. Luego me dio agua. Después ya no recuerdo."
Esteban cerró los ojos.
La crueldad era peor de lo que imaginaba.
Marco había usado el dolor de una niña para llevarla a su muerte.
Pero antes de que pudiera decir algo, Camila recibió una llamada.
Su expresión cambió.
"Señor Vega", dijo. "Encontramos a Marco."
Esteban se puso de pie.
"¿Dónde?"
Camila tragó saliva.
"En la antigua casa de playa de su esposa."









